Hace unos días, hablando con un Ser muy querido, tocamos un tema referente a los Planes de las Almas; por qué elegimos vivir determinadas «situaciones» que nos provoquen algún tipo de emoción. Por qué se llega a creer en algunas doctrinas en la «reencarnación» para «pagar esas deudas kármicas».
Pues bien, empezamos por entender qué es esa famosa reencarnación.
Aunque a mi me gusta usar un poco mas el término Transmigración de las Almas como bien lo llamaba el Filósofo Griego Pitágoras.
Iniciamos con el concepto que el tenía sobre la reencarnación; Pitágoras fue quien introdujo este término a la Antigua Grecia, pensaba que el alma era inmortal y podía pasar de ser un animal a ser humano y viceversa repitiendo patrones de comportamiento de forma cíclica con el fin de ir obteniendo cada vez mayor conocimiento, él incluso llegó a tener conversaciones sobre sus recuerdos de vidas pasadas para que la sociedad creyera justamente en su filosofía de la Transmigración del Alma o Metempsicosis llegó a ser considerado un sabio con un conocimiento extraordinario.
El Filósofo Griego Herodoto llegó a mencionar que habrían sido los egipcios quienes adoptaron por primera vez la idea de la reencarnación, lo dejó plasmado en las siguientes palabras:
«Los egipcios son los primeros en sostener la doctrina de que alma del hombre es inmortal y que, cuando el cuerpo perece, se introduce en otro que está naciendo entonces,· después de recorrer todos los animales de tierra firme, los del mar y los volátiles se introduce de nuevo en el cuerpo de un hombre en nacimiento y su ciclo se completa en un período de tres mil años. Hay griegos que adoptaron esta doctrina, unos antes y otros más tarde, como si fuera de su propia invención, · aunque
conozco sus nombres, no los escribo».
En algunas escuelas Gnósticas mencionan que el ciclo de Reencarnación o la Filosofía Oriental de la Rueda del Samsara nos muestra el ciclo de evolución o involución de una esencia, un alma; como pasa a través de distintos reinos, como va evolucionando o involucionando.
Ellos mencionan que hay 108 existencias donde nuestra alma debe ir aprendiendo a auto-realizarse; si no se auto-realiza cae en la involución con el fin de irse limpiando de la energía cargada, algo que es similar a la historia del infierno del catolicismo. Se menciona que en caso de no alcanzar la auto-realización, el alma empieza su proceso de «limpieza» en el reino animal expulsando de sí esas impurezas; la esencia debe liberarse de todas las cargas kármicas. Una vez que se limpia en el reino animal, pasa por una limpieza en el vegetal y posteriormente vuelve al reino mineral a limpiarse con el fin de iniciar otro ciclo de evolución 3000 vueltas.
Finalmente vamos al estudio de las Tradiciones Filosóficas Orientales (como el hinduismo, el budismo y el jainismo).
Según el budismo el Samsara no tiene ni principio ni fin. Estamos atrapados en él hasta que ganemos la Iluminación. Algunas escuelas mencionan que cuando ganemos la Iluminación entenderemos que el Samsara y el Nirvana son justo lo mismo. No obstante, al comienzo del sendero tenemos que ver el Samsara como un estado del cual necesitamos liberarnos para alcanzar el Nirvana.
En la cosmovisión budista, el samsara es el ciclo incesante de renacimientos impulsado por las «tres raíces de lo malsano» (akusala-mula): aversión, apego e ignorancia.
En el budismo Mahāyāna se hace hincapié en que las enseñanzas deben ser demostrables. En este caso, aparte del contacto directo que algunos privilegiados pueden tener con seres pertenecientes a otros tipos de existencia diferentes de la humana y animal, se considera como evidencia la memoria de vidas pasadas bajo esas formas de existencia que desarrollan algunos meditadores muy avanzados.
Y bueno, tu qué piensas de la reencarnación de las almas? Al final es un concepto que cada ser humano debe adaptar y respetar con respecto a la visión de otro ser humano.
Esto lo comento desde mi realidad y experiencia sin intentar convencerte de alguna creencia o filosofía, solamente es a manera de conocer un poco más allá de lo que nuestra mente nos limite.
Un abrazo, Leslie

